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CONFIANDO EN DIOS
CUANDO SUFRIMOS
Por Luis Palau
Hace varios años un submarino
se hundió con toda su tripulación a la altura
de la cosa atlántica de América del Norte.
Cuando por fin la nave fue encontrada, se enviaron buzos
para evaluar los daños y la posibilidad de rescatar
los restos del naufragio.
Cuando los buceadores se acercaron
al casco de la nave, fueron sorprendidos por un golpeteo
en código Morse. Era evidente que alguien estaba
vivo en el interior del submarino. El mensaje era una pregunta
desesperada contra las paredes de la tumba acuática:
"¿Hay esperanza? ¿Hay esperanza?"
Usted y yo nos hacemos la misma
pregunta cuando debemos enfrentar un problema particular
o cuando una tragedia nos toca de cerca. Después
de todo, ¿quién está totalmente libre
del inmenso dolor de perder a un ser querido, de la frustración
del desempleo, de la angustia de un hogar destrozado o de
otros cientos de dificultades?
Nos sentimos atrapados y sumergidos
por el peso de las circunstancias y preguntamos: "¿Hay
esperanza? ¿Hay realmente esperanza para solucionar
este problema?"
A menudo en tales ocasiones recordamos
las palabras de Romanos 8:28, "Y sabemos que a los
que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto
es, a los que conforme a su propósito son llamados."
Debemos notar que Pablo no dijo:
"Comprendemos cómo todas las cosas ayudan a
bien," sino que dijo: "sabemos que ayudan a bien."
Esta promesa es un ancla segura cuando las tormentas de
la vida golpean sin piedad contra nosotros.
El apóstol Pablo había
reclamado esta promesa muchas veces, aun antes de haber
escrito su famosa carta a los Romanos. El sabía lo
que era sufrir penurias, persecución, indiferencia,
traición, soledad, enfermedades, pedradas, azotes,
naufragios, desnudez, hambre y sed, falta de sueño,
tremendas presiones.
¿Qué evitaba que
Pablo se hundiera? Creo que su total confianza en el Dios
que promete sostenernos pase lo que pasare. Al final de
su vida pudo decir: "Sé en quién he creído,
y estoy seguro de que puede guardar lo que le he encomendado
hasta el día de su retorno" (2 Timoteo 1:12
BD). ¿Qué le había encomendado Pablo
a Dios? Su propia vida.
En el Antiguo Testamento leemos:
"Tú guardarás en completa paz a aquel
cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado"
(Isaías 26:3). Esta promesa también está
destinada a nosotros hoy, como repetidamente se revela en
el Nuevo Testamento.
¿Está usted enfrentando
una dificultad, amigo? Una vez más deje su vida en
manos del Señor. Luego crea de corazón las
palabras de Filipenses 4:6-7, "No se afanen por nada;
mas bien oren por todo. Presenten ante Dios sus necesidades
y después no dejen de darle gracias por sus respuestas.
Haciendo esto sabrán ustedes lo que es la paz de
Dios, la cual es tan extraordinariamente maravillosa que
la mente humana no podrá jamás entender. Su
paz mantendrá sus pensamientos y su corazón
en la quietud y el reposo de la fe en Jesucristo" (BD).
Cuando las tormentas de la vida
parecen abrumadoras, Dios desea que experimentemos su perfecta
paz.
Oh, Padre, te alabamos porque comprendes
todas nuestras penas y nuestras lágrimas. Reconocemos
nuestra insuficiencia para solucionar por nosotros mismos
los problemas de la vida. Que Tu gracia abunde para suplir
nuestras más profundas necesidades. Consuélanos
mientras esperamos en Ti. Llena nuestros corazones con Tu
paz, que sobrepasa todo entendimiento. Gracias por Tu rica
provisión para con nosotros en este día. Amén."
Ore al Señor esta oración ya mismo, y empezará
a experimentar en su vida la realidad de las promesas de
Dios en los momentos de dificultad.
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