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A través de las
puertas cerradas
Imaginémonos los sentimientos
de los discípulos durante la tarde del día
de la resurrección, antes que Jesús se les
apareciera. Sabían que su Señor había
muerto. Tenían miedo de los judíos, por eso
se reunieron en secreto y cerraron cuidadosamente la puerta.
A través de esta puerta cerrada vino Jesús
y se puso en medio de ellos. Sus primeras palabras fueron:
Paz a vosotros (Juan 20:19).
Algunos de
nosotros mantenemos las «puertas cerradas» a
lo largo de la vida. Puede tratarse de un rencor, una ofensa
o una profunda herida que conservamos desde hace muchos
años, de un recuerdo de infancia, malo e inolvidable,
que turba nuestra relación con la gente, e incluso
de un sentimiento de ira contra Dios a causa de un acontecimiento
que se produjo hace diez años o más
.
Esas puertas cerradas nos encierran en nuestro pequeño
mundo de temores. Nos impiden hacer progresos y conocer
la verdadera felicidad. Pero las puertas cerradas no detuvieron
al Señor aquella noche y tampoco le detienen hoy.
Quiere penetrar en su corazón y hacer desaparecer
esos obstáculos que paralizan su vida espiritual.
Ábrale su corazón; déle lugar, confiésele
sus faltas y él le traerá perdón, sanidad
espiritual y felicidad. Entonces usted descubrirá
el gozoso significado de las palabras del Señor Jesús:
Paz a vosotros.
© Editorial La Buena
Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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