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Tiempo de Enfermedad
por María Elena Mamarián
Jehová lo sustentará sobre el lecho
del dolor; mullirás toda su cama en su enfermedad
(Salmo 41:3)
La realidad de la enfermedad nos comprende a todos sin
excepción. Tarde o temprano, leve o grave, hace su
aparición en el seno familiar. En cualquier caso,
representa un duelo. Algo valioso se pierde: la salud y
con ella, muchas otras cosas valiosas: el trabajo, el orden
familiar, actividades satisfactorias, la vida social, a
veces la autoestima, los proyectos y sueños.
Pero también la crisis de la enfermedad puede servir:
* Para valorar lo realmente importante, lo que no es pasajero
ni cambiante. Es en los momentos de dolor cuando nuestros
valores son probados y cambiados.
* Para conocer mejor a la gente que nos rodea. Las crisis
pueden destruir relaciones, pero otras veces pueden hacerlas
más sólidas y valiosas. Los verdaderos afectos
adquieren su verdadera dimensión en los momentos
de dificultad.
* Para hacernos más humanos. El dolor,
de cualquier índole, puede resentirnos, amargarnos
y endurecernos. Pero también puede capacitarnos para
ser más comprensivos, compasivos y buenos ayudadores
de otros que pasan dificultades. Bendito sea el Padre
de misericordias y Dios de toda consolación, el cual
nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos
también nosotros consolar... (2 Corintios 1:3-5).
* Para aumentar nuestro conocimiento vivencial de Dios.
Algunos descubren a Dios en el tiempo de intenso
dolor, y comienzan a tener una relación con El. Otros
vuelven a Dios en los tiempos de dificultad. Y otros, refuerzan
y amplían el conocimiento que de Dios tenían.
De oídas te había oído; mas ahora
mis ojos te ven (Job 42:5).
Oración: Señor, gracias por tu presencia,
consolación y provisión también en
los momentos de enfermedad. Que pueda superar esta prueba,
aprendiendo algo más acerca de mí, de mi prójimo
y de ti mismo. Amén.
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