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Cleptomanía
¿Sabe usted que existen personas que necesitan robar?
Y no es porque se estén muriendo de hambre, sino
porque en ellas hay una presión interior que las
obliga a dar curso a esa pasión de robar. El Señor
Jesús puede liberar a alguien de esa mala conducta,
como también puede hacerlo con cualquier atadura
en la que un ser humano se vea enredado. A continuación
damos el testimonio de un ladrón, a quien le fue
otorgado empezar una nueva vida:«Mi manía era
hurtar en los negocios. Varias veces me atraparon. Al principio
bastó que pagara multas. Pero como seguía
hurtando, tuve que ir a la cárcel. Perdí mi
empleo y casi hasta las ganas de vivir. En secreto esperaba
que el temor a otros castigos o el transcurso de los años
me disuadieran de seguir hurtando. Pero después de
quedar en libertad, continué con ese hábito.
Por un lado estaba como obsesionado, por otro desesperado.
En medio de ese dilema fui liberado de mi mala costumbre
y de mis dificultades. Oí el mensaje del Evangelio
y respondí «Sí» al salvador Jesucristo.
Ese fue todo mi cambio. Hoy estoy libre de este poder del
pecado. Salvado y curado, agradezco a mi Señor con
todo mi corazón. Cuando le escribí a mi madre
confesándole todo lo que me había ocurrido,
ella me respondió: «Estoy muy conmovida, he
llorado amargamente. ¡Cuánta felicidad saber
que Jesús, nuestro Señor y Dios, te ha salvado
y ha hecho de ti un ser nuevo! Se lo agradezco diariamente».
© Editorial La Buena
Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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